domingo, 4 de enero de 2009

Filosofando: La vida como una sandia

Qué fastidiosas que son esas pepitas negras de la sandia ¿no? Sucede que la sandia es tan sabrosa, tan fresca, tan jugosa y aparentemente sería tan delicioso comerla si no fuera porque en medio de nuestro famélico camino debemos extirpar casi quirúrgicamente aquellas osadas pepitas negras que se interponen entre nosotros y la sandia. Claro, digo quirúrgicamente porque nadie quiere perder ni un pedacito de sandia a causa de una infiltrada pepita.

Sucede que voy llegando a la parte final de la sandia (aquella más cercana a la corteza verde) y noto que ya no hay más pepitas… ¡Qué felicidad!, pienso primero. Sin embargo, el sabor ya no es el mismo, mi sandia ha perdido dulzura, sabor y hasta consistencia. ¿Será que todo eso se lo daban aquellas “fastidiosas” pepitas?

Creo que a veces la vida es como una sandia. Las pepitas son nuestros problemas. Ansiosos por comérnosla, queremos enviar al olvido esos problemas, inconvenientes o imprevistos. Los odiamos, queremos dejarlos de lado, desaparecerlos. Pero creo también que superándolos, solucionándolos y venciéndolos es que apreciamos mejor cada pedacito de nuestra vida, cada pedacito de nuestra sandia…

sábado, 3 de enero de 2009

Tranqui Panda:

No tengo autoridad moral para pedirte que no te la pegues (menos aún si lo haces inspirada en terceros). Tampoco tengo la intención de bajarle la llanta a tus ímpetus de desenfreno, pero hagas lo que hagas, hazlo por ti, y no por otros. No lo hagas por demostrarle nada a nadie. Porque cuando menos te des cuenta, despertarás en medio de una mier… que no sabes de dónde salió, pero que te envuelve, te asfixia y es únicamente tu problema, no de aquel otro, aquel por quien supuestamente lo haces.